domingo, 16 de noviembre de 2014

EL NEOCLASICISMO DE IGOR STRAVINSKY Y BELA BARTÓK

EL NEOCLASICISMO
DE
IGOR STRAVINSKY Y BELA BARTÓK
@ClaudioCascales

      Igor Stravinsky

Debido a la influencia de Cocteau, pero sobre todo a la influencia de Diághilev, Igor Stravinsky (1882-1971) dará un giro brusco hacia el Neoclasicismo aproximadamente en 1920, estilo en el que permanecerá fiel durante más de treinta años.

Stravinsky incluso ya se había empezado a mover hacia un lenguaje composicional más económico, que huía de grandes proporciones y enormes conjuntos instrumentales que aparecían en sus primeros ballets antes de la guerra. Así, la ópera Renard (1916), Les Noces (1917) y La Historia de un soldado (1918), ya utilizan conjuntos musicales poco numerosos y se caracterizan por desarrollar un estilo musical reducido a lo más esencial.

Aparte de la ópera buffa Mavra (1922), inspirada en la música rusa erudita de tiempos de Glinka; la primera inclinación de Stravinsky hacia el Neoclasicismo se puso de manifiesto en su ballet Pulcinella en 1920, inspirado en la música Pergolesi[1]. Sin embargo, la extensión total de su transformación estilística no fue evidente hasta el año 1923, cuando estrenó su Octeto para instrumentos de viento. La novedad del Octeto fue, sobre todo, la aceptación de unas nociones relativamente tradicionales de escritura contrapuntística y la adhesión a tipos formales clásicos. El primer tiempo tiene grandes similitudes con la forma sonata; el segundo es un tema con variaciones; y el tercero es un rondó.

El Octeto fue la primera de una serie de composiciones que ocuparon la producción total de Stravinsky hasta la década de 1950 y que se basaron en modelos y procedimientos composicionales tradicionales. Entre las obras neoclásicas podemos destacar:

 
-        Octeto para instrumentos de viento de 1923, inspirada en Bach.

-        Oedipus Rex, ópera- oratorio de 1927, inspirada en Haendel.

-        Apolo Musagetta, ballet de 1928, inspirada en Lully y el ballet de cour.

-        El beso del hada, ballet de 1928, en el que homenajea a Tchaikovski.

-        Perséphone, melodrama de1934, inspirada en Debussy en Dukas.

-        Orfeo, ballet de 1947, recupera a Monteverdi.

-        Misa, 1948, inspirada en la de Machaut.

-        The Rake´s Progress (La carrera de un libertino) ópera de 1951, con alusiones a Mozart, Gounod, Rossini y Verdi.

 
Pero no todas las obras del período, sin embargo, revelan un prototipo estilístico inconfundible. Dos de las más importantes, la Sinfonía de Salmos de 1930 y la Sinfonía en tres movimientos de 1945 desafían cualquier tipo de clasificación sencilla que se pretenda hacer.

La Sinfonía de Salmos, llamada así por utilizar texto de los Salmos de David (en particular por el Salmo 150, que es una alabanza de Dios por la música; y algunos fragmentos de los Salmos 38 y 39); es una para conjunto coral e instrumental en la cual estos dos elementos están en el mismo plano, sin ningún dominio de uno sobre el otro.

La Sinfonía en tres movimientos se trata de una obra maestra que priva de sentido a todo lo que tiende precisamente a reducirla, ya sea a un “programa” o a una pieza “neoclásica”, o incluso hasta una forma sinfónica tradicional, siendo la partitura del compositor ruso más rica en el plano sonoro, desde La consagración de la primavera, en la que el timbre posee una función motora primordial.

Stravinsky buscó en el repertorio completo de la historia de la música occidental las bases de su obra; pero ante todo hay que tener en cuenta que la intención de Stravinsky no era la de volver al pasado literal, sino la de revitalizar, fiel a la estética neoclásica, algunas de las concepciones composicionales tradicionales básicas en relación con la práctica contemporánea tanto armónica como rítmica. Las diferentes técnicas empleadas por Stravinsky para la composición de obras neoclásicas, según Stuckenschmidt[2], se podrían resumir en las siguientes:

 
-        Comprime y/o alarga el original cortando o estirando el compás.

-        Cambia el compás (polimetrías)

-        Omite o añade voces.

-        Añade notas disonantes o cambia la progresión armónica.

-        Mezcla acordes diferentes (politonalidad).

-        Añade acentos en los tempos débiles (parametrías).

-        Utiliza instrumentos y timbres ajenos al idioma original.

-        Separa las partes del original y las combina de modo nuevo.

-        Cambia el carácter de los diferentes movimientos.

 
     Bela Bartók

 
Bela Bartók[3] (1881-1945), después de una primera etapa en la que la música folklórica le ofreció una nueva vía musical, también sufrió la influencia tanto del Neoclasicismo como de la música expresionista, en menor medida, sin olvidar nunca su identidad artística. La asumió de tal manera que, tal y como lo había hecho anteriormente con el folklore, borró sus rasgos originales, los hizo suyos y enriqueció así su propio lenguaje con nuevos estímulos.

Aunque el cambió estilístico se comenzó a atisbar con anterioridad, es en la Sonata Sz.80 para piano y el primer Concierto para piano Sz.83, ambas de 1926, donde realmente se puede observar que, aún reteniendo el carácter más disonante de sus obras anteriores, así como la fuerza y vitalidad rítmica, característica de toda la música de Bartók, están más definidas tonalmente y más unidas a los modelos formales tradicionales.

Sin embargo la música neoclásica de Bartók es muy diferente al Neoclasicismo de Stravinsky, ya que carece de la separación, frialdad y limitación que normalmente se asocian con este estilo. A partir de ahí las obras que compuso Bartók tuvieron una síntesis neoclásica muy particular, en la que elementos que hasta ahora habían forjado su estilo se unieron en un lenguaje más preciso, principalmente en series de composiciones instrumentales como: los Cuartetos de cuerda, el segundo Concierto para piano Sz.95 (1932), la Música para cuerdas, percusión y celesta Sz.106 (1936), la Sonata para dos pianos y percusión Sz.110 (1937), el segundo Concierto para violín Sz.112 (1938) y el Concierto para orquesta Sz.116 (1943).

Melódica y armónicamente, sus aportaciones son muchas y muy importantes: sus melodías tienden a ser simplificadas linealmente (a veces solamente doblabas), tendiendo a la focalización (melodías en espiral), y están basadas en escalas diatónicas, cromáticas, de tonos enteros, modales y armónicas. Sus armonías son inflexiblemente disonantes y no triádicas basadas en la serie numérica de Fibonacci (se llama así a la serie que se produce sumando un número a su siguiente: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13), y la Sección Áurea[4]. Su conciencia sigue radicada en un centro tonal o politonal (o modal o polimodal), pero ese centro tonal es tan ambiguo que produce un sentido de inestabilidad continuo basándolo fundamentalmente en el llamado Sistema de ejes[5].

El contrapunto es también importante en la obra bartokiana, fruto de un profundo conocimiento de Bach, siendo frecuentes los procedimientos fugados y en canon, que nunca son cánones ni fugas en sensu stricto, sino de libre escritura contrapuntística. La fuerza y la vitalidad rítmica son una constante en la música de Bartók. Sus ritmos pujantes e incisivos están desarrollados dentro de una rica variedad de formaciones asimétricas así como de polirrítmias y constantes cambios dentro de grupos artificiales, al mismo tiempo que sentía una especial preferencia por las notas repetidas. Los tempos de sus obras van desde la inmovilidad de los tiempos lentos hasta el frenesí rítmico en los veloces con una obsesión por el elemento tímbrico-percusivo en los acompañamientos.

La paleta tímbrica no es menos importante utilizando a lo largo de toda su carrera, infinidad de sonoridades (algunas inventas por el propio Bartók), como son los clusters en el piano, glissandos en prácticamente todos los instrumentos, desde el violín al timbal, pasando por los instrumentos de viento; utilización de todo tipo de golpes con arco además de su Pizzicato Bartók o tocar el triángulo con baqueta de madera, experimentando al tiempo con la música espacial, así como con la eliminación de la barrera sonido-ruido.

Formalmente Bartók basó sus estructuras formales tanto en la Sección Áurea como en la serie Fibonacci, desarrollando especialmente las formas organizadas en arco (ABA, ABCBA, etc.), a las que denominó Formas puente (o simétricas), en donde se forman modelos simétricos mediante la utilización de movimientos parejos que se relacionan por medio de correspondencias motívicas y formales.

Los logros de Bartók fueron en algunos aspectos inigualables. Reconsideró la orientación estética y los aspectos constructivos de la música del siglo XVIII y XIX en términos del siglo XX con un sentido de ruptura menor que el resto de sus contemporáneos. La lógica ampliación que realizó de las técnicas temáticas, formales y tonales de sus predecesores, junto con su orientación fundamentalmente nacionalista fueron reinterpretadas dentro del marco más científico perteneciente a la nueva era y se combinaron para producir una sonoridad totalmente tradicional con una enorme carga de modernidad.

 


[1] Posteriormente se ha demostrado que muchas piezas en las que se basó Stravinsky no fueron de Pergolesi, sino de otros contemporáneos suyos, lo que no altera la esencia de la obra.
[2] El autor alemán denomina al resultado obtenido por Stravinsky como “denaturación”, en STUCKENSCHMIDT K.H.: La música del siglo XX, Madrid, Guadarrama, 1960.
[3] A parte de compositor, fue un virtuoso intérprete del piano y prestigioso etnomusicólogo.
[4] La Sección Áurea es la división de una distancia de tal manera que la proporción entre la longitud total y la parte más larga corresponde geométricamente a la proporción entre la más larga y la más corta, o sea, la parte más larga es el medio geométrico del largo total y la parte más corta. Se deduce de la fórmula 1 : x =  x : 1 (1 – x ). Equivaliendo la parte más larga a 0,618 y la más corta a 0,382 del total.
[5] Ver en LENDVAI E.: Béla Bartók, un análisis de su música, Pág. 12, figura 2, Barcelona, Idea Books, 2003
 

Pedro Calonge el “Rey de la Marimba”.

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