jueves, 23 de septiembre de 2021

DAVID BISBAL FILARMÓNICO by COSENTINO

DAVID BISBAL FILARMÓNICO by COSENTINO

Claudio Cascales 

Con mucha ilusión os comparto el último proyecto, que hoy mismo se ha presentado a los medios, en el que he estado trabajando los dos últimos años y medio y más intensamente desde la primavera pasada.

Se trata ni más ni menos que David Bisbal Filarmónico by Consentino, con cuatro conciertos que se celebrarán en ALMERÍA; Auditorio Municipal Maestro Padilla (13 de noviembre), MADRID; Teatro Real (22 de Noviembre), GRANADA; Auditorio Manuel de Falla (4 de diciembre) y MÁLAGA; Teatro Cervantes (8 de diciembre de Diciembre), en el que el artista almeriense interpretará su repertorio más representativo en formato adaptado a una gran orquesta sinfónica la Orquesta Ciudad de Almería, con arreglos realizados para la ocasión por Juan Cruz Guevara con mi colaboración. 

Después de una intensa, brillante y exitosa carrera artística, cercana ya a cumplir dos décadas, con más de una decena de discos (tanto álbumes, como singles), de estudio, en directo, recopilatorios, colaboraciones, duetos, etc., cientos de conciertos en directo, con más de seis millones de copias vendidas y multitud de números uno, que le han valido para otorgarle numerosos e importantes premios tanto en España como en Latinoamérica y Estados Unidos, se puede afirmar que David Bisbal es un artista versátil, íntegro y sin miedo a nuevos retos. 

Su música, hasta el momento, siempre se ha caracterizado por ser de eminente carácter latino y de raíces profundamente españolas, con excelentes producciones, en las que han tenido cabida casi la total variedad ritmos actuales, con canciones comerciales no exentas creatividad y calidad, por sus bellas melodías, pegadizos estribillos, interesantes armonías y calidad en los arreglos instrumentales, destacando en muchas ocasiones sus letras, especialmente en las baladas, donde se desbordan emocionantes mensajes y sentimientos siempre en torno al amor. 

Video promocional

El proyecto impulsado por el Grupo Cosentino trata de RE-crear, con una nueva concepción sonora, las canciones más emblemáticas y conocidas de David Bisbal, haciéndolas en formato clásico-sinfónico-lírico, encontrando nuevos caminos y enriqueciéndolas, a través de una detallada y brillante orquestación, para acrecentar su interés con unas nuevas versiones que no dejarán a ningún espectador indiferente en su asiento, sorprenderá a sus fans de siempre y asombrará al público en general. 

Quiero dar las gracias al Francisco Martínez Cosentino (Presidente del Grupo Cosentino), al propio David Bisbal, a Universal Music y muy especialmente a Juan Cruz Guevara quién desde el primer momento no tuvo duda en que yo fuera parte del proyecto. 

También quiero mencionar a Santiago Alfonso Rodriguez, una gran persona quién ha sido mi auténtico descubrimiento a lo largo de todo el proceso (gracias por tu implicación Santiago), y a Ludovico Vagnone director musical y guitarrista de David Bisbal, por su experiencia, competencia y cercanía.


lunes, 23 de agosto de 2021

CURRÍCULO

 

CLAUDIO CASCALES


Catedrático de Música (desde 1 de diciembre de 2009), y Jefe del Departamento de Música del I.E.S. Poeta Julián Andúgar de Santomera en Murcia (desde 1996).

Está en posesión del Título de Profesor Superior de Percusión y es Licenciado en Historia y Ciencias de la Música. Ha sido en numerosas ocasiones miembro de tribunales para valorar los procedimientos selectivos para ingreso en los Cuerpos de Educación Secundaria (Música), y Música y Artes Escénicas (Percusión).

Miembro de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores), y de la SedeM (Sociedad Española de Musicología), también ha realizado estudios de Piano, Armonía, Contrapunto y Fuga, Composición, Dirección, Musicología, Folklore, Informática Musical, así como de Música en los Medios Audiovisuales. Aunque formado en el mundo de la música clásica y contemporánea, durante su amplia trayectoria no ha sido ajeno a otro tipo de estilos y géneros musicales, trabajando así mismo la música folklórica y étnica, el jazz, rock, salsa, mínimal, etc.

Como docente, ha sido profesor de percusión en el Conservatorio Francisco Casanovas de Torrevieja (1989-1996), así como en numerosas Escuelas de Música de las provincias de Murcia y Alicante. Es preparador de opositores en la academia MASTER (Murcia) desde 1996, actualmente OPOSICIONES DOCENTES, academia con la que ha realizado varios temarios de oposiciones adaptados a la legislación vigente (primaria, secundaria y conservatorio), así como para la prestigiosa editorial MAD.



Ha impartido numerosos cursillos, conferencias y ponencias relacionados con el ritmo y los instrumentos de percusión, en la pedagogía y en la música contemporánea. Tiene en la actualidad dos publicaciones especializadas: Los instrumentos escolares de percusión y su didáctica en el aula” (Ed. Ibersonic) y Música Bachillerato: Las músicas del siglo XX (Ed. Ibersonic), además del referido Temario para la especialidad de Percusión (Ed. Juan Cruz-Guevara). Ha sido profesor colaborador con la Universidad Murcia, Universidad de Albacete, Universidad de Alicante y Complutense de Madrid, como Profesor Tutor de Formación Inicial del Profesorado (C.A.P.), de Enseñanza Secundaria en la especialidad de Música.

En 2021 colabora como compositor asistente y asesor en el proyecto David Bisbal Filarmónico by Cosentino, en el que adapta, junto a Juan Cruz Guevara, las canciones más emblemáticas del cantante almeriense en formato sinfónico/lírico, al tiempo que estrena tres piezas originales implementas en el concierto: una obertura y dos intermezzi inspirados en música y motivos populares andaluces.



Como instrumentista ha actuado tanto como solista, así como en grupos de cámara y diferentes orquestas, a lo largo de toda la geografía española, Portugal, Francia, Suiza, Austria, Italia, Alemania, Japón…, teniendo entre su repertorio obras de compositores como Bach, Musser, Carter, Miyoshi, Creston, Xennakis, Fink, Burton, Milhaud, Maslanka, Abe…, destacando entre ellos el estreno absoluto, dentro del marco del XVIIIº Festival Internacional de Orquestas de Jóvenes de Murcia, del Concierto para Marimba y Cuerdas del compositor Juan Cruz Guevara, con la Orquesta Internacional del Festival, bajo la batuta del director ruso Igor Dronov, convirtiéndose así en el primer percusionista murciano y hasta el momento el único, en estrenar una obra concertante para marimba solo y orquesta.



 

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jueves, 15 de julio de 2021

ESCUELAS DE PERCUSIÓN

ESCUELAS DE PERCUSIÓN

@ClaudioCascales

(para Llorens Ferrer Nadal)


El término “Escuela”, aplicado a la historia de la música (y a otras disciplinas artísticas y literarias), hace referencia a un grupo más o menos numeroso de compositores y/o intérpretes (en cualquier caso discípulos), en torno a las enseñanzas de un maestro (profesor), el cual ha implementado, a través de un periodo de tiempo más o menos extenso, unas determinadas líneas pedagógicas tanto creativas, estéticas, estilísticas, interpretativas, etc., que han creado tendencia, influyendo en muchos casos en varias generaciones de músicos, pudiéndose extender desde el ámbito local hasta el internacional.

Estas llamadas “Escuelas” se pueden dar tanto en un contexto privado, así como en un conservatorio, universidad, curso, etc., tomando su nombre tanto del propio profesor o del centro de enseñanza. En otras ocasiones las escuelas adoptan el nombre de la ubicación en donde se dan (ciudad o lugar), además del propio país donde se desarrollan.

Las Escuelas de Percusión, no comienzan a surgir hasta bien entrado el siglo XX, con la inclusión, por demanda de los primeros profesores especializados, en los conservatorios europeos, siendo el primero de ellos el Conservatorio de Bruselas, creando en 1930 la primera cátedra de percusión, la cual se le otorgó a Theo Coutelier, timbalero de la Orquesta de Bélgica en aquel tiempo.

Hasta ese momento, por muchas razones y a diferencia de otros instrumentos, no se habían creado dichas escuelas, al menos en el concepto que hoy en día las conocemos. Las principales razones vienen determinadas por la propia naturaleza del instrumento y su papel dentro de la música clásica occidental, ya que los instrumentos de percusión hasta prácticamente el siglo XIX, siempre habían sido instrumentos poco utilizados en agrupaciones de ministriles de las casas nobiliarias o cortes reales, las bandas municipales y los diferentes ejércitos (infantería y caballería), siendo el desarrollo de su técnica interpretativa de la misma forma en general muy básica, por lo que son pocos los percusionistas conocidos antes del romanticismo, estando su enseñanza hasta ese momento casi en exclusiva relegada a transmitirse de generación (familiar), en generación.

En otros muchos casos los percusionistas de las orquestas no eran músicos especializados, siendo en ocasiones instrumentistas de otras secciones, generalmente de metales (trompas naturales y trombones, especialmente), que hacían las veces de timbaleros eventualmente.

Timbales sin caldera (Adolf Sax, siglo XIX)

La aparición progresiva de los instrumentos de percusión estuvo determinada por dos grandes géneros musicales a partir del siglo XVII. Concretamente los timbales, a pesar de que ya aparecen catalogados en los grandes tratados organológicos del siglo XVI y comienzos del XVII (Virdung, Praetorius…), primero como instrumento de gran sonoridad y pompa, para celebraciones y ceremonias relacionadas con grandes fastos tanto de la nobleza (celebraciones de bodas, coronaciones…), y la iglesia (celebración de fiestas relevantes, conmemoraciones, consagraciones de iglesias y/o catedrales…), y en segundo como instrumentos “de efecto” en óperas (Thésée, Esther…), extendiéndose progresivamente su utilización a obras concertantes y sinfónicas para “dar color” (Alla turca), ya a finales de siglo XVIII para, a lo largo del siglo XIX, adquirir el protagonismo de su origen, valorándose tanto por sus sonoridades y timbres como por su carácter esencialmente rítmico, el cual hizo definitivamente que apareciera la figura del instrumentista (por percusionista), especializado, a pesar de que aún le quedaría mucho camino por recorrer para ser considerado profesionalmente al mismo nivel que cualquier otro ejecutante, hecho que ocurriría ya entrado el siglo XX.

Históricamente, las Escuelas de Percusión, han venido catalogándose en primer término, por el estilo y las sonoridades de las distintas formas de entender y articular las obras interpretadas en los países más relevantes de la historia de la música clásica, siendo aquellas que vienen de la tradición, la cual se originó desde finales del siglo XVIII hasta el primer tercio del siglo XX, y que tienen sus referencias en las más antiguas y prestigiosas orquestas europeas (y americanas), tanto sinfónicas como de ópera, establecidas en ciudades tan importantes como Dresde (Heinrich Knauer, 1879-1947), Leipzig (Ernst Gotthold Benjamin Pfundt, 1806-1871; Hermann Gustav Schmidt, 1857-1926; Otto B. Seele, 1856-1936), Berlín (Frank Krüger, n. 1880), Frankfurt (Carl Gollmick -1796-1866), Viena (Hans Johann Schnellar, 1865-1945), París (Moker, Jean Schneitzhoeffer, Charles Poussard, Joseph Baggers, 1858-1938), Londres (G. Gordon Cleather, Charles Henderson, Charles Turner, Eric Pritchard), Ámsterdam (Emil Mefinhardt, Piet Jeuken, Cor Smit), Milán (Giovanni Domenico Pazzini de Pavía -1743-1827; Carlo Antonio Boracchi -1733-1866-; Pietro Pieranzovini -1814-1885-), San Petersburgo (Yuri Alexeev), Moscú (Vladímir Shteiman,1909-1981; Valentin Snegirev, 1932-2018), Filadelfia (Oscar Schwar, 1875-1946; Fred H. Hinger, 1920-2001), Chicago (William Loewe -1834-1908-); Carl Bunge -1856-1936-), Boston (Roman Szulc, Vic Firth -1930-2015), Nueva York (Alfred Friese, Karl Glassman, 1883-1975; Saul Goodman, 1907-1996), o Israel (Joel Thome), solo por citar unas pocas.

Joseph Baggers (1958-1938).

Así, podemos hablar de Escuelas centroeuropeas, de la Europa del este, Francesa, Inglesa, Norteamericana, etc., todas ellas caracterizadas por la tradición y formas particulares de ejecución (técnica e interpretativa), en principio no universalizadas ni refrendadas en tratados o métodos didácticos, debido a dos causas principales: la dificultad para editar este tipo de tratados (con pocas excepciones), y el prácticamente nulo contacto entre los profesionales, por las dificultades de comunicación, relegando en la mayoría de los casos al ámbito local las formas de ejecución más avanzadas, de tal forma que cada una de estas escuelas tenía sus propios e intransferibles procedimientos, los cuales en la mayoría de ocasiones se guardaban con gran celo, con el objetivo de salvaguardarlas, con el fin de que no fueran conocidas por cualquiera.

Hans Johann Schnellar con la Filarmónica de Viena, circa 1940.



                                                                       Heinrich Knauer (1879-1947).

Con toda seguridad estás escuelas se caracterizaban cada una de ellas por los mismos conceptos interpretativos que hoy en día como: forma de coger las baquetas (grip), la articulación en los distintos tipos golpeo (stacatto, legatto…), formas de ejecutar aspectos técnicos (diferentes tipos de redobles, mordentes, apagados, etc.), así como afinación, elección y colocación, fabricación casera (por artesanal), de baquetas..., todos ellos teniendo muy en cuenta el estado de desarrollo constructivo del instrumento en todo momento.

Fred H. Hinger (1920-2001).

A partir del primer cuarto del siglo XX, aparecen las primeras Escuelas de Percusión en torno a un “Maestro”, bien de forma particular o asociadas a un centro educativo, conformando por primera vez en la historia los primeros planes de estudio académicos (currículos), de los instrumentos de percusión, con bases didácticas y pedagógicas.
Saul Goodman (1907-1996)

Así, aparecen nombres como Paul Price, Gordon Peters, Saul Goodman, Sanford "Gus" Moeller, Elden C. "Buster" Bailey, etc., en Estados Unidos o Felix Passerone, Robert Tourte, Richard Hochainer, Leonida Torrebruno, James Blades, Gilbert Webster, James Holland, Sture Olsson, Vasili Yevséyevich Osadchuk o Kalinik Kupiński en Europa, todos ellas con un común denominador: la edición de literatura especializada en los instrumentos de la orquesta (exceptuando a Moller que fue conocido a través del método Stick Control -George B. Stone & Son, Inc., 1935-, de George Lawrence Stone).

Aula de Felix Passerone (segundo por la izquierda) en el Conservatorio de Paris, circa1960. 

Tras las Segunda Guerra Mundial se establecen las Escuelas Modernas de Percusión con grandes profesores generalistas como Mitchell Peters, John Beck, Thomas Siwe, Saul Feldstein, Fred Hinger, Morris Goldenberg (Estados Unidos), Siegfried Fink, Karl Peinkofer y Hermann Gschwendtner (Alemania), François Dupin, Jean Bagtine y Jacques Delécluse (Francia), Antonio Buonomo (Italia), Dobri Paliev (Bulgaría), Bo Holmstrand (Suecia), Bent Lylloff, Einar Nielsen y Gert Mortensen (Dinamarca), Rainer Kuisma (Finlandia), Pierre Metral (Suiza), Anatoli Ivánov y Mark Pakarsky (Rusia), Jan Pustjens y Peter Prommel (Holanda), o José María Martín Porrás (España), solo por destacar a los más conocidos.


Siegfried Fink con su grupo de percusión de la Hochschule für Musik Würrzburg, 1974).


Todas estas escuelas se caracterizan, en la mayoría de los casos, por conjugar la tradición interpretativa derivada de la orquesta sinfónica (prácticamente todos los profesores pasaron por ser miembros de las orquestas sinfónicas más prestigiosas de su país), con las nuevas necesidades de ejecución de la música de vanguardia, desde la Música aleatoria al Serialismo integral, pasando por la Música electrónica, el Grafismo simbólico, la Música mínimal o el Espectralismo, a los que se unieron intérpretes especializados como Christoph Caskel, Toni Roeder, Max Neuhaus, Michael W. Ranta, Sylvio Gualda, Gaston Sylvestre, Jan Williams, etc., que también contribuyeron con cursos y clases magistrales en eventos y festivales relacionados con la Nueva música.

Jan Williams, interpretando a Carter, 1966.



Sylvio Gualda interpretando a Xenakis.

Un vez más toda esta panorámica interpretativa se distingue, de la misma forma esencialmente por las formas de agarre (grip), articulaciones, afinación (altura y tensión de membranas), disposición del instrumento(s), a las que habría que añadir las denominadas “Técnicas extendidas”, propias del nuevo repertorio contemporáneo posmoderno.

Desde finales de los años 60’ del siglo pasado surge un nuevo tipo de Escuela de Percusión, si bien en algunos casos sus orígenes vienen desde décadas antes. Nos estamos refiriendo a las Escuelas Especializadas, no solo ya en un género o tipo de repertorio y/o dadas en una determinada ubicación (por ciudad o país), sino de un instrumento en particular. Estas escuelas se pueden considerar hoy en día como universales ya que debido a los medios de comunicación actuales y la capacidad de desplazamiento a cualquier parte del mundo, son conocidas por cualquier estudiante, profesor o solista.

Así surgen las diferentes Escuelas de caja: Rudimental (Estados Unidos), Contemporánea (Europa), Latin (Latinoamérica), Jazz (Estados Unidos); Escuelas de timbales (timpani): Alemana, Francesa, Países del Este, Norteamericana, Japonesa; Escuelas de marimba: Estados Unidos (Musser, Rosen, Stevens, Stout, Rosauro, Van Side…), Japonesa (Asabuki, Abe, Takahashi); Europa (Albert, Zivkovic, Stensgaard, etc.); Escuelas de vibráfono (Burton, Sejourneé, Friedman, etc.,); Escuelas de  xilofón (Green, Becker, Hiraoka, etc.); Batería (Jazz, Rock, Fusión, etc.), World percusión, Latin percusión, etc., etc.

El papel de las Escuelas de Percusión desde finales de los años 40’ del siglo XX, fue principalmente el de crear una metodología y técnica instrumental (apoyada en la mayoría de los casos en una literatura didáctica progresiva por instrumentos), con el fin de implementarla en la interpretación, aprovechando en la mayoría de los casos, la tradición performativa de cada uno de los países, al tiempo que dieron soluciones y crearon recursos para las nuevas formas de expresión musical tras la Segunda Guerra Mundial. Estas Escuelas en principio fueron fuertemente ortodoxas, autosuficientes y herméticas (Francia, Alemania, Inglaterra…), otras aisladas y desconfiadas por razones políticas (Países del Este, España...).

Ya en la década de los 70’, afortunadamente, se inicia una gradual apertura y universalización hasta nuestros días en pleno siglo XXI. En Europa, Siegfried Fink, es un asiduo desde finales de los 60’ en la escena europea, como intérprete de música de vanguardia, como profesor de numerosos cursos internacionales de verano y desde 1974 en la Hochshule für Musik de Würzburg en Alemania, por la que pasan infinidad de percusionistas de todo el mundo. En 1972 la marimbista norteamericana, Karen Ervin obtiene el Segundo Premio del prestigioso Concours Internationale d’Eexecution Musicale en Ginebra. Un año después,  en 1973, la marimbista japonesa Michiko Takahashi gana el Concurso Internacional Gaudeamus de Intérpretes de Música Contemporánea, en Rotterdam. Ese mismo año (1973), Keiko Abe hace su primera gira en Estados Unidos, invitada por Michael Rosen (la marimbista japonesa no llegaría a Europa hasta 1983). Alan Zimmerman es el primer norteamericano en desplazarse a estudiar a Japón en 1978. Por su parte François Dupin (quién fue tildado en ese momento de traidor por sus colegas franceses), viaja en 1981 a Estados para estudiar en Leigth Howard Stevens y Michael Rosen. Al mismo tiempo se multiplican los eventos internacionales (cursos, concursos, festivales, convenciones, etc.), y se crean asociaciones que, junto a una nueva visión mucho más cosmopolita y globalizada, a la que se sumaron la mejora (rapidez y precio), de los medios de transporte y las comunicaciones, hicieron el resto para llegar a lo que hoy el panorama de los instrumentos de percusión en general en el mundo en cuanto a lo que podemos llamar "Escuela": un escuela totalmente transversal, transparente, interrelacionada, colaborativa, solidaria y universal.

@Claudio Cascales

 


 

sábado, 1 de mayo de 2021

LA RELACIÓN DE LA MÚSICA CON LAS CORRIENTES ESTÉTICAS Y CON LAS DEMÁS ARTES

 

LA RELACIÓN DE LA MÚSICA 

CON LAS CORRIENTES ESTÉTICAS 

Y CON LAS DEMÁS ARTES

@ClaudioCascales.



La Estética es considerada como uno de los fundamentos filosóficos cuyo centro de reflexión es el arte y su significado. Alexander Gottlieb Baumgarten (1714–1762), es el primer autor en publicar un texto al respecto (Aesthetica, 1750).

 

Baumgarten quiso establecer con su tratado una referencia para el conocimiento y la especulación de la obra de arte, a la que dio el nombre de "Ciencia del conocimiento sensible", la cual estaba dirigida en todo momento a las sensaciones, expresiones y percepciones de las distintas manifestaciones artísticas, alejándose invariablemente de lo puramente racional y lo lógico.  

 

La Estética musical como disciplina autónoma nace a mediados del siglo XIX con el ensayo del crítico musical vienés Eduard Hanslick (1825-1904), titulado De lo bello en la música (1854), en el que reconoce que cada manifestación artística tiene su estética particular y, por lo tanto, aborda una reflexión determinada, sugiriendo que la música debería se escuchada de forma intelectual y no sentimental defendiendo el concepto de Formalismo, si bien el autor llega a contradecirse en en varias ocasiones.

 

Ya en el siglo XX, Enrico Fubini (1935), se cuestiona en numerosas ocasiones sobre la estética de la música, relacionándola directamente con la propia definición de música y como esta ha sido considerada a lo largo de la historia en todas sus etapas (Estética de la Música, 2001).

 

Así, cada época de la historia ha hecho definir la palabra 'música' de formas muy diferentes. El recorrido histórico a través de cómo se ha configurado la reflexión o, mejor dicho, el conjunto de reflexiones sobre la música a través de los siglos, acaba entrelazándose, por una parte, con la misma historia de la música en el sentido más amplio y por otra, con todas aquellas disciplinas, que han hecho de la música el objeto de un cierto interés: las matemáticas, la psicología, la física acústica, la estética propiamente dicha, la sociología, la lingüística, etc., así como con el resto de las artes: pintura, escultura, arquitectura, la escultura, la poesía, la danza, el cine, la fotografía etc., pero sin duda se ha de entender como punto de referencia, nexo en común y primer objeto de discusión a la filosofía, ya que a través de esta se pueden conocer tanto la historia del pensamiento musical, así como sus relaciones con otras disciplinas y el resto de manifestaciones artísticas.

 

En definitiva para una amplia comprensión de la música en cualquier contexto hemos de establecer relaciones y conexiones con otras disciplinas y artes, las cuales se entrelazan y complementan como lo que son: una manifestación creativa del ser humano en donde los sentimientos, las emociones, las sensaciones, la belleza y la realidad convergen, cada una con su propio lenguaje, en un medio de expresión único e intransferible, en el que el ser humano se reconcilia con el mundo en el que vive y se siente único, dando sentido pleno a la vida de una forma inefable que va desde lo sensorial a lo intelectual.

 

 

miércoles, 20 de enero de 2021

LA PERCUSIÓN EN EL JAZZ

 

LA PERCUSIÓN EN EL JAZZ

@ClaudioCascales

(artículo realizado en 1998, revisado en 2020)

Hasta finales de los años 30’ del siglo pasado, los instrumentos de percusión solían ser instrumentos laterales para los baterías, siendo estos de origen oriental (tambores y platos chinos), en la mayoría de los casos, creando así una curiosa paradoja: la música que ahonda sus raíces en el continente africano, prácticamente carecía instrumentos de percusión, sin duda los grandes protagonistas del ritmo. Fue, a partir de la era del swing, cuando comenzaron a despertar interés algunas danzas latinoamericanas como la rumba, la cumbia, el bolero o el cha-cha-chá, entre otros.

Al principio los percusionistas de las big bands, casi todos norteamericanos, se limitaban a marcar el ritmo, adoleciendo de falta de creatividad originada, por su desconocimiento, tanto de la esencia de la música latina como de su propia técnica instrumental y sus posibilidades tímbricas.

El padre de todos los percusionistas de la historia del jazz fue el cubano Chano Pozo (1915-1948), quién, en la segunda mitad de la década de los años 40', en pleno auge del be bop, incorporó los ritmos cubanos en el combo de Dizzy Gillespie(1917-1993), convirtiéndose en el precursor de lo que después se denominaría Cubop. Es mítico su tema Manteca (1947), donde se desarrolla una auténtica bacanal rítmica. Posteriormente Chano Pozo entró también dentro del mito al ser asesinado, presuntamente, por haber hecho públicos los ritmos secretos del culto abakuá.

Chano Pozo

Una vez expuesta la figura de Chano Pozo, que ha de tener necesariamente un apartado especial por ser el primero de los percusionistas del jazz, los agruparemos con el fin de tener una visión lo más general y clara de ellos, en primer lugar por su país de origen, en segundo lugar por sus instrumentos y finalmente por sus diferentes estilos.

Como ya hemos comentado anteriormente, la ola cubana alcanzó su primera cúspide entre mediados de los 40’ y los 50’, no por sólo Dizzy Gillespie, quién tocó ritmos cubanos una y otra vez, sino que también por la big band de Stan Kenton (1911-1979), con su triunfal versión de El Manicero (1927). En ella destacaron en el bongosero Jack Costanzo (1919-2018), Carlos Vidal Bolado (1914-1996), en las congas y Machito (1912-1984) en las maracas. Posteriormente Machito (alias de Frank Grillo) formó su propia banda en Nueva York, donde tuvo como arreglista al trompetista Mario Bauzá (1991-1993), al tiempo que tocó y grabó frecuentemente con figuras de la talla de Charlie Parker “Bird” (1920-1955), o Beny Moré (1919-1963).

A parte de Machito, la figura más destacada del momento es el timbalero, vibrafonista, arreglista y compositor (su tema de 1963 Oye cómo va es universal), al neoyorquino Tito Puente (1923-2000), el Rey del timbal, quién desarrolló una singular fusión del mambo y del jazz basada en unos ritmos de “gran sabor”, apoyados por solos virtuosos de gran calidad a la vez que muy vistosos, que marcaron un antes y un después en su instrumento.

Tito Puente

Otros importantes percusionistas de la época fueron: Cándido Camero (1921-2020), Sabú Martínez (1930-1979) y Mongo Santamaría (1922- 2003), todos congueros, el bongosero Willie Rodríguez (1935-2010), el vibrafonista y bongosero Cal Tjader (1925-1982), Willie Bobo (1934-1983), timbal y Armando Peraza (1924-2014), conga y bongó.

A finales de los 50’, la música cubana perdió considerablemente atractivo recuperándose, en los 60’, con una segunda oleada, en forma de un novedoso estilo de fusión: la Salsa, sobre todo en Nueva York y Miami, que desde entonces se ha sostenido, no sólo por obra de los músicos cubanos, sino también por intérpretes de Puerto Rico (y por algunos de la República Dominicana). La salsa ha sido definida como "ritmo cubano más jazz, con elementos de blues y rock”, siendo la discográfica Fania Records (fundada por Jerry Masucci y Johnny Pacheco en 1964), su punto de referencia a la hora de contar con los mejor músicos de cada momento.

Mientras tanto, surge toda una generación de músicos latinos nacidos en Nueva York (sobre todo en el barrio de East Harlem). Ray Barreto (1929-2006), y el propio Johnny Pacheco (1935-2021), se encuentran entre este grupo de músicos cuya principal aportación es conocer al tiempo la música latina y la norteamericana, y en particular el jazz, dando lugar a una fusión de gran fuerza, etiquetada de muchas formas: jazz latino, rock latino, soul latino, etc., que sigue, desde principios de los 90’, hasta la actualidad dando grandes figuras como Paquito D´Rivera (n. 1948), o Michel Camilo (n. 1954), y donde aparece una nueva hornada de percusionistas como los congueros Daniel Ponce (1954-2013), Luis Conte (n. 1954), o el caso del también trompetista y líder del grupo Ford Apache Band, Jerry González (1949-2018).

El interés de los músicos de jazz por la música brasileña fue originado por el guitarrista Charlie Byrd (1925-1999), en 1962 con el álbum Jazz Samba (Verve Records), con Stan Getz (1927-1991), que incluía el famoso tema Desafinado, escrito por Joao Gilberto (1931-2019) y Antonio Carlos Jobim (1927-1994). Desde entonces Getz ocupó el centro de la oleada de la bossa nova. Los músicos brasileños definieron el bossa como "samba más cool jazz". Pero no fue hasta 1967 cuando el percusionista brasileño Airto Moreira (n. 1941) y su esposa, la cantante Flora Purim (n. 1942), se trasladaron a Nueva York, cuando Airto participó en el novedoso, por aquél entonces, álbum de Miles Davis (1926-1991), Bitches Brew (Columbia Records), de 1970. A partir de ahí comenzaron a proliferar músicas y músicos brasileños en el jazz con primeras figuras norteamericanas McCoy Tyner (n. 1938), Chick Corea (n. 1941), el incombustible Dizzy Gillespie o el grupo Weather Report (desde 1970), etc.

Airto Moreira

Los percusionistas en esos grupos fueron, aparte de Airto, Dom Um Romão (1925-2005), Paulinho da Costa (n. 1948) y Guilherme Franco (1946-2016), destacando sobre todos uno de los percusionistas más sensitivos y flexibles del jazz y de la música étnica, Naná Vasconcelos (n. 1944) un verdadero maestro del berimbao, instrumento al que da una riqueza tímbrica y unas posibilidades expresivas fuera de lo común. Vasconcelos también es un consumado experto en percusión corporal.

En el curso de la creciente nueva conciencia del jazz moderno y de sus raíces africanas, muchos jazzistas norteamericanos adoptaron instrumentos de percusión, ritmos, técnicas y músicos del África. El predecesor de este desarrollo fue Art Blakey (1919-1990), que en su disco Orgy in Rhythm (Blue Note Records, 1957), ya estaba formando orquestas enteras de percusionistas, después Max Roach (1924-2007), también trabajó en la misma línea. Wayne Shorter (n. 1933) dijo una vez: "Lo de Dizzy Gillespie era afrocubano. Entonces Art Blakey quitó lo cubano y dijo afro y todo el mundo del jazz lo comprendió”. Con Blakey tocaron entre otros los siguientes músicos con instrumentos africanos: Solomon Ilori (n. 1934), kalengo, Chief Bey (1913-2004), conga y djembé, Montego Joe (1929-2010), tambor de hendidura, Garvin Masseaux (1938-1979), chekeré y shakers africanos, James Folami (congas) y Robert Crowder (1930-2012), tambores batá y congas.

El primer percusionista africano que obtuvo reconocimiento en el mundo del jazz, desde comienzos de los sesentas, fue el nigeriano Babatunde Olatunji (1927-2003), quién también trabajó con John Coltrane (1926-1967). Durante años, el álbum del saxofonista Frank Wright (1935-1990) Uhuru na Umoja, expresión que se traduce como "libertad y unión" (America Records, 1970), con letra del poeta nigeriano Adebayo Faleti (1921-2017), fue un himno para los músicos y aficionados interesados en los problemas y en la lucha por la liberación de los pueblos africanos.

Babatunde Olatunji

Además, durante los 60’ percusionistas como Kahil El’Zabar (n. 1953), mbira o sanza, Famoudou Don Moye (n. 1946), del círculo de AACM y James Mtume (n. 1946), quién se dio conocer por su colaboración con Miles Davis, se remitieron directamente a los ritmos africanos.

El siguiente grupo de percusionistas que hemos de considerar son los que tienen raíces asiáticas: la integración más satisfactoria de ritmos hindúes con jazz fue lograda por el instrumentista hindú de tabla Zakir Hussain (1951-2024), hijo y discípulo del famoso maestro de tabla Alla Rahka (1919-2000). Hussain creció con el jazz desde sus principios, destacando su paso por el grupo Shakti, de John McLaughlin (n. 1942). En cierta manera, integró los ritmos y sonidos de la tabla hindú con el jazz, tan perfectamente como lo hicieron anteriormente Guilherme Franco (y otros), con los ritmos brasileños.

Zakir Hussain

Otros percusionistas hindúes que han trabajado con músicos de jazz son Trilok Gurtu (n. 1951) y Badal Roy (n. 1945), este último por ejemplo, con Miles Davis. Gurtu, maestro del prestigioso Creative Music Studio (CMS), ha grabado con Don Cherry (1936-1995), y Charlie Mariano (1923-2009), y es un destacado músico de tabla y un excelente baterista de jazz, combinación que habría sido inimaginable años atrás. Por último Collin Walcott (1945-1984), es fue el primer músico nacido en los Estados Unidos que obtuvo reconocimiento como instrumentista de tabla (y de sitar), con el grupo Oregon y con el propio Don Cherry (quién por cierto, tuvo una cierta habilidad tocando instrumentos de percusión balineses y tibetanos, entre otros).

En vista del espíritu cosmopolita y universal del jazz de hoy, huelga decir que también se han incorporado al jazz técnicas de percusión de otros ámbitos y culturas musicales. Por ejemplo, Andy Narell (n. 1954), y el guitarrista Roland Prince (1946-2016), llevaron el steel drum de Trinidad, al marco del jazz, Othello Molineaux (n. 1939), quién grabó con el grupo de Jaco Pastorius el álbum Word of Mouth (Warner Bros., 1981), o el multiinstrumentista y poeta argentino Pedro Aznar (n. 1959), quién se dio a conocer junto a Path Metheny (n. 1954). Por su parte Okay Temiz (n. 1939), ha llevado al jazz los ritmos de su natal Turquía, junto a Don Cherry o Tony Scott (1921-2007), entre otros muchos, de la misma forma que el mítico percusionista japonés Daihachi Oguchi (1924-2008), quién introdujo instrumentos y ritmos de su país en el jazz.

El efecto y la "universalidad" de los ritmos de percusión de muchos países de la tierra, se ponen en claro cuando comprendemos que Weather Report, el más triunfante grupo de fusión de los 70’, empleó uno o más percusionistas además del baterista durante gran parte de la década. El primer percusionista del grupo fue Airto Moreira, que también fue el primero en tocar con Davis y Corea. Después de él llegaron Álex Acuña (n. 1944), Manolo Badrena (n. 1952), Alyrio Lima (n. 1949), y Muruga Brooker (n. 1942), este último no sólo con tambores latinoamericanos, sino también marroquíes e israelíes.

Otra característica de esta “multiculturalidad” de los ritmos de percusión es que, ha surgido un nuevo tipo de percusionista que ya no está en deuda con una sola de las distintas culturas musicales, sino que se alimenta de muchas de ellas. Músicos como Kenneth Nash, Armen Halburian (1933-2011), John Bergamo (1940-2013), David Moss (n. 1949) y Glen Velez (n. 1949), Bill Summers (n. 1948), Sue Evans (n. 1951), entre otros muchos pertenecen a esta categoría.

John Bergamo

Para concluir, sería injusto no nombrar el percusionista brasileño, afincada desde hace años en España, Rubén Dantas (n. 1954) y, su gran aportación al mundo de la fusión del flamenco con el jazz, a través del cajón, instrumento peruano que gracias a su incorporación se ha revalorizado y ha revolucionado el flamenco “a compás”, al tiempo que lo ha popularizado hasta límites insospechados.

@Claudio Cascales

martes, 13 de octubre de 2020

 Historia del Epitafio de Seikilos

@ClaudioCascales

Un tal Seikilos de Tralles vivió allá por el siglo I d.C. junto a su esposa Euterpe en lo que hoy es Aydin, una próspera población al este de Éfeso, una de las llamadas doce ciudades jónicas, junto al Mar Egeo en la península de Anatolia o Asia Menor (actualmente pertenece a Turquía).

Seikilos, de clase acomodada e importante patrimonio, era una persona culta, teniendo entre sus aficiones las artes, especialmente la música, tan importante para la educación de todo ciudadano en la Grecia de aquel tiempo.

 


Columna de Seikilos.

Desgraciadamente Euterpe falleció pronto y Seikilos quedó desconsolado, mandando construir una tumba para su joven esposa en la que puso una columna de mármol veteada en gris, de unos 60 cms., con unas inscripciones. Con el paso del tiempo, aquella tumba desapareció cubierta de tierra cayendo en el olvido cientos de años.

En 1883 un escocés llamado William Ramsay, profesor de la universidad de Brístol (Inglaterra), Premio Nobel de química en 1904, apasionado también del Mundo Antiguo fue quién, durante unas excavaciones arqueológicas, descubrió la tumba en 1883, llamándole especialmente la atención el tipo de escritura con notación alfabética y otros signos.

 


William Ramsay (1852-1916).

Pronto los musicólogos determinaron que esa notación era una partitura musical. La música escrita completa (texto, melodía y ritmo), más antigua encontrada hasta ese momento, datándola al mismo tiempo alrededor del año 100 d.C. Finalmente Ramsay no expolió el hallazgo como era costumbre en la época y lo dejó en el Museo de Esmirna (en turco Izmir), consciente de su importancia y valor cultural de la zona.

 


Notación alfabética.


Tras la Guerra greco-turca entre 1919 y 1922, Esmirna fue devastada y saqueada. La columna desapareció, siendo en 1957 cuando se volvió a seber de ella, recuperada por el cónsul holandés de la ciudad en aquel momento en el patio de una casa particular, la cual estaba siendo utilizada como pedestal para un macetero por la dueña, ajena a su valor histórico. El cónsul se quedó la pieza "bajo su custodia".

La columna pasó de forma poco clara, vía Estambul y Estocolmo, a manos privadas en La Haya, creyéndose perdida durante más de cuarenta años, reapareciendo públicamente cuando en 1967, el Museo Nacional de Dinamarca en Copenhague, anunció que la había adquirido para su exposición permanente, donde se exhibe en la actualidad (nº inv. 14897).

Desde 2010 el Ministerio de cultura y turismo turco ha emprendido negociaciones para recuperar la pieza, argumentando su origen y pertenencia al patrimonio nacional de Turquía, de donde fue sustraída hace ahora casi cien años.



Audición.

sábado, 11 de abril de 2020

LA MÚSICA CINEMATOGRÁFICA EN EUROPA EN EL SIGLO XX



LA MÚSICA CINEMATOGRÁFICA EN EUROPA


En los años anteriores a la década de los 50’ del siglo XX, hemos de destacar en primer lugar a la Unión Soviética (U.R.S.S.). En este país, el cine es un arte de interés nacional debido su gran utilización política como medio de propaganda del régimen comunista, en la que destaca el mítico director Serguéi Eisenstein (1898-1948). Así, tenemos música para cine de grandes compositores como Dimitri Shostakovich (1906-1975), Contraplano (1932), Sergei Prokofiev (1891-1953), Alexandr Nevski (1939) –que después se convertiría en la Cantata op. 78-,  o Aram Katchaturian (1903-1978), La cuestión rusa (1947).

Inglaterra en las décadas de los 40’ y 50’, aporta composiciones con influencia clásica, ya que los músicos británicos poseen una sólida formación musical e instrumental y desarrollan una carrera paralela como “músicos serios”. Podemos mencionar entre otros a William Walton (1902-1983), con películas sobre todo de género histórico como Enrique V (1946), Arnold Bax (1883-1953), Oliver Twist (1948), Brian Easdale (1909-1995), Las zapatillas rojas (1948) o Malcom Arnold (1921-2006), Puente sobre el rio Kwai (1957) -en la que destaca la famosa Marcha del coronel Bogey-.

Ya en la década de los 60’, se pretenden sustituir las fórmulas tradicionales por otros planteamientos más actuales tanto en el aspecto formal como conceptual. Destacan John Addison (1920-1998), que trabaja para Hitchcock (Cortina rasgada, 1966), y obtiene un Óscar con Tom Jones (1963), Richard Rodney Bennett (1936-2012), Asesinato en el Orient Express (1977), Stanley Meyers (1940-1993), El cazador (1979). Mención especial merece John Barry (1933-2011), sin duda el más popular de los compositores ingleses, haciendo toda la música de la serie James Bond, cuya primera película fue Agente 007 contra el Dr. No, de 1962 (con música al estilo Mancini), otras películas suyas son Nacida libre (1966), Memorias de África (1985), siendo su último trabajo reseñable Bailando con lobos (1990).

Posteriormente en los 80’ y 90’ los compositores ingleses se alían con el nuevo sinfonismo de Williams -que lo impregna casi todo-, con Carl Davis (n. 1936) en títulos como La mujer del teniente francés (1981), Trevor Jones (n. 1949), El último mohicano (1992). También compone música para cine dentro de su estilo New age mezclado con tintes minimalistas Michael Nyman (n. 1944), El piano (1995). Otros son: George Fenton (n. 1950), Las amistades peligrosas (1988) o Patrick Doyle (n. 1953), Sentido y sensibilidad (1995).

En Italia surge inmediatamente tras la Segunda Guerra Mundial el llamado Neorrealismo, que pretende ofrecer una crónica de la vida real. Sus compositores emplean los medios clásicos como medio para comunicar esa realidad: música sencilla, directa, expresiva y funcional ignorando a propósito las novedades exteriores. Destaca Alessandro Cicognini (1906-1995), El ladrón de bicicletas (1948) y su obra maestra Locuras de amor (1955), Renzo Rosellini (1908-1973), Roma città aperta (1945) y Mario Nascimbene (1913-2002), One millón years B.C. (1966).

Mención aparte merece Nino Rota (1911-1979), quien posee un gran prestigio como autor clásico  (sinfonías, cuartetos de cuerda, óperas, ballet, etc.). Su música para cine se caracteriza por su rango popular inspirada en el folklore italiano, criterios armónicos sencillos y dominio del contrapunto. Rota trabajó los más prestigiosos directores del momento como Federico Fellini (1920-1993), en películas como La Dolce vita (1959) o Amarcord (1973), Luchino Visconti (1906-1976), Il Gattopardo (1963) o Franco Zeffirelli (n. 1932), La fierecilla domada (1966). Particular reconocimiento y éxito obtuvo, ya en los 70’ con su banda sonora para la trilogía El Padrino (1972-74-90), de Francis Ford Coppola (n. 1939).

Durante la década de los 60’ hay en Italia un gran número de músicos de varias tendencias destacando, sobre todos Ennio Morricone (n. 1928), creador del sonido llamado “spaguetti western”, caracterizado por el uso de melodías atonales, su variedad instrumental (silbidos, guitarra eléctrica, sintetizadores, etc.), y por la importancia que le concede a la voz humana. Trabaja con directores como Pier Paolo Pasolini (1922-1975), Sergio Leone (1929-1989) o Bernardo Bertolucci (n. 1941). Ha compuesto la música de una gran cantidad de películas como la trilogía denominada “del dólar”: Por un puñado de dólares (1964), La Muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966), aunque su mejor trabajo para el cine ha sido la banda sonora de La Misión (1986), siendo otras películas suyas La Cosa (John Carpenter, 1982), Cinema Paraíso (Giuseppe Tornatore, 1988), Los intocables de Elliot Ness (Brian de Palma, 1987) o Átame (Pedro Almodóvar, 1990), siendo su última películas reseñable Django desencadenado (Quentin Tarantino, 2012).
En Francia, a parte de los compositores clásicos consagrados como Arthur Honegger (1892-1955) o Darius Milhaud (1892-1974), en la primera mitad del siglo XX, aparecen ya en la segunda mitad de siglo, los primeros compositores dedicados en exclusiva a la música de cine como Georges Delerue (1925-1992), Chacal (1974), Antonie Duhamel (1925), Besos robados (1968), siendo el pionero de todos Maurice Jaubert (1900-1940), 14 de julio (René Clair, 1933). A partir de los años 60’ emerge la figura de Maurice Jarre (1924-2009), al que se le abren las puertas del cine americano gracias a Lawrence de Arabia (1962), Doctor Zhivago (1965), Pasaje a la India (1984), Gorilas en la Niebla (1988), o Ghost (1990).

En la Década de  los 70’ y 80’ sobresalen el oscarizado en 1970 Francis Lai (n. 1932), que demuestra un gran interés por los sintetizadores y timbres electrónicos cercanos a la música pop, triunfando en Estados Unidos con Love story (1970) y en menor medida Philippe Sarde (n. 1945) con El oso (1988) o La caja de música (1989). Ya en los 90’ encontramos a Jean-Claude Petit (n. 1943), Cyrano de Bergerac (1990), Eric Serra (n. 1959), El gran azul (1988) y al franco-libanés Gabriel Yared (n. 1949), El paciente inglés (1996).

En España tras la Guerra Civil surge una corriente afín al Régimen con un tipo de cine histórico, patriótico y propagandístico, con directores como Juan Antonio Barden (1922-2002) y Luis García Berlanga (1921-2010). Son compositores de esta época Jesús García Leoz (1904-53), Balarrasa (1950), Surcos (1951) y Bienvenido Mr. Marshall (1952), Juan Quintero (1903-1980), El último cuplé (1957), Manuel Parada (1911-1973), compositor oficial del régimen franquista[1], con Raza (1941), Los últimos de Filipinas (1945) o Fray escoba (1961), y Miguel Asins Arbó (1918-1996), El verdugo (1962), entre otros.

Poco a poco la férrea censura se fue suavizando, lo que facilitó el nacimiento del “nuevo cine español”. De entre todos los compositores podemos mencionar a Luis de Pablo (n. 1930), Los desafíos (1969) y El espíritu de la colmena (1973), ambas del director Víctor Erice (n. 1940) y Antón García Abril[2] (n. 1933), Sor Citroen (1967), El Crimen de Cuenca (1978), o Los Santos Inocentes (1984), -y su famosa música para la serie de televisión El hombre y la tierra (1974)- y Carmelo Bernaola[3] (1929-2002), con su obra maestra Pasodoble (1988), como “compositores serios”, frente a una serie de compositores venidos de otras tendencias, con una música ligera y muy comercial, que van desde Alfonso Santisteban (n. 1943), hasta el cartagenero Gregorio García Segura (1929-2003), pasando por Augusto Algueró (1934-1911) o Adolfo Waitzman (1930-1998).

Desde entonces, en nuestro país han aparecido no pocos compositores nuevos y cada vez más especializados. Cabe mencionar a José Nieto (n. 1942), El bosque animado (1987), Amanece que no es poco (1989), Días contados (1994), La pasión turca (1994), El perro del hortelano (1996) y Carmen (2003) y a Alejandro Massó (n. 1943) con Remando al viento, El dorado (ambas de 1988), y ¡Ay Carmela! (1989). Bernardo Bonezzi (1964-2012), ha compuesto una cantidad ingente de bandas sonoras en un espacio de tiempo muy breve, sustentándose casi siempre en temas sencillos y retentivos, al menos hasta inicios de la década de los 90’, cuando comenzó una nueva fase en su carrera con obras mucho más elaboradas. Entre otras, ha compuesto Laberinto de pasiones (1982), Que hecho yo para merecer esto (1984), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), Boca a boca (1995), Entre las piernas (1999) o Sin noticias de Dios (2001).

Ya en la década de los 90’ y con el nuevo milenio, cabe citar en nuestro país a Alberto Iglesias (n. 1955), quien ha trabajado sobre todo con los prestigiosos directores Julio Meden y Pedro Almodóvar, con varios Premios Goya y nominaciones a los Óscar, como Tierra (1996) Los amantes del círculo polar (1998), Todo sobre mi madre (1999), El jardinero fiel (2005) y La piel que habito (2011), y el murciano, de Jumilla Roque Baños (n. 1968), caracterizándose su música por la facilidad con la que aborda una gran variedad estilística y también por su versatilidad como creador de eficientes melodías, que cumplen una función dramática de primer orden en el contexto argumental de las películas, siendo los resultados obtenidos casi siempre brillantes. Entre su obra destacamos: Carreteras secundarias (1997), Torrente, el brazo tonto de la ley (1998), Goya en Burdeos (1999), Alatriste (2007) y Celda 211 (2009) o El niño (2014).

Mención aparte merece también Alejandro Amenábar (n. 1972), en su triple condición de compositor, guionista y director de sus films Tesis (1996), Abre los ojos (1997), Los otros (2001) y Mar adentro (2004), siempre en colaboración con Mariano Martín (n. 1959). Por último destacar a Fernando Velázquez (n. 1976) autor de la banda sonora de Lo imposible (2012), de Juan Antonio Bayona, el cual ya está comenzado a ser un habitual de las películas de una nueva generación de directores españoles que sin complejos compiten con el mismísimo cine comercial norteamericano, otras de sus películas son El orfanato (2007), Los ojos de Julia (2010), y Ocho apellidos vascos (2014).







[1] Tanto que es el compositor de la música del NO-DO (acrónimo de Noticiarios y Documentales), que se proyectaba por ley en todos los cines españoles antes de las películas desde 1942 hasta 1981, convirtiéndose en una de las vías más características de adoctrinamiento y propaganda durante la dictadura franquista.
[2] García Abril también ha adquirido gran notoriedad gracias a realizar también numerosas series de televisión como El hombre y la tierra (1974) o Anillos de oro (1983).
[3] También ha logrado éxitos dentro del mundo de los programas y series de televisión como La clave (1976) y Verano azul (1981).

HISTORIA DE LA MARIMBA EN ESPAÑA DENTRO DE LA MÚSICA ACADÉMICA, DESDE LOS AÑOS 60’ HASTA FINALES DEL SIGLO XX

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